Aprender a bailar salsa cubana puede ser fácil si se hace con los muchachos de este club de la isla

LA HABANA.— “¿Se puede aprender a bailar salsa cubana en una semana?”, le pregunto otra vez, insistente, y la profesora Saray Savón Mulén, con ocho años de experiencia, vuelve a asentir. “Sí, se puede, la preparación de los instructores es para que eso se dé”.
Estamos en un breve alto del puntual y bien organizado programa de una mañana con el Club Salseando Chévere, que esta vez acoge a uno de los 15 y hasta 25 grupos de visitantes alemanes que vienen cada año, aunque también llegan de muchas otras latitudes.
El propósito es aprender a bailar la salsa cubana. ¡Y sí que unos y otros, alumnos y profes, se lo toman en serio!
La manera en que la joven germana Tabea marca el ritmo con los pies demuestra que sí, que la cadencia de la tumba puede entrar a la sangre si se aprende a “oír”.
Ella trabaja en una cristalería y esta es su segunda vez aquí. Le gusta venir a Cuba y asegura que en Salseando… aprende y se divierte.
La clase está dedicada este día al chachachá, pues aquí se imparten los más importantes géneros bailables cubanos, entre los que se incluyen también el son, mambo, rumba y los ritmos afrocubanos, aunque más recientemente han incorporado talleres de Kizomba, Bachata y lo que se ha dado en llamar Salsatón.
La tumbadora acompañada del guayo y el cencerro marcan el paso todo el tiempo después que los alumnos, una treintena, tuvieron el primer acercamiento a la danza con una de las piezas clásicas de los bailables cubanos: “La Engañadora”, de Enrique Jorrín.
“Un, dos, chachachá; un, dos, chachachá”, repite el instructor principal en idioma alemán, de modo que cada quien sienta y asuma el sonido que le hará mover consecuentemente los pies.
Es la base para aprender la salsa. Damián Zayas, músico de la compañía con amplia experiencia, y quien ha estado tocando la tumbadora, asegura que es mejor “la percusión en vivo, porque resulta más dinámica, más activa, como más sentida. No es lo mismo enseñar ritmo con el instrumento que con la música grabada”, alega.
“Usamos la percusión para que ellos aprendan cómo moverse en los tiempos fuertes de nuestros ritmos… La salsa cubana se nutre de todos esos bailes oriundos de la isla”.
Un bien pensado programa de enseñanza dirige las actividades del Club Salseando Chévere, fundado en Alemania hace 17 años por el director del grupo, Pedro Antonio Rodríguez Díaz, con el propósito de promover la música cubana por medio de sus diferentes ritmos.
Eso, lo académico, fue lo primero. Después vendría la fundación de la compañía de baile víaDanza, conformada por 49 jóvenes bailarines que protagonizan sabrosas coreografías, caracterizadas por su interacción con el público. Ellos, a la par, son los instructores en Salseando… Se trata de un mismo team que trabaja simultáneamente en ambas vertientes.
El surgimiento del grupo de danza fue una necesidad. Aquí, en la academia, se trabaja en grupos y después de manera individual con cada alumno. Por eso es necesaria la presencia de instructores suficientes, tanto hombres como mujeres, además de que ellos acompañan la salida nocturna que se recomienda a todo matriculado de modo que pueda probar lo aprendido en la práctica, en un ambiente real.
Gretel Reyes, responsable de Comunicación del proyecto, me explica que son muy rigurosos con la formación de los profesores. “Estamos organizados de manera que nos podamos superar constantemente. Los más experimentados enseñan a los bisoños”.
Los bailarines/instructores también deben esforzarse con el idioma. Aunque hay un traductor principal para las clases grupales, cuando pasan a las individualizadas cada quien “va por su cuenta”.
Los cursos duran una o dos semanas, según elija la persona, que puede acudir de manera individual o en grupos. Aunque se atienden pedidos de última hora una vez que estén aquí, lo mejor es que los interesados contacten y hagan sus solicitudes mediante el correo electrónico coordinacion@salseandochevere.com, o yendo directamente a la página de internet www.salseandochevere.com. Las oficinas están en el Edificio Bacardí, en la calle Montserrate número 261, de La Habana Vieja.

LA ACADEMIA
Resulta curioso comprobar que la enseñanza de los bailes cubanos esté regida por un programa de clases, como para cualquier otra materia. En este caso, incluso, poniendo atención a la procedencia geográfica del alumno. Porque, claro, no es lo mismo un aprendiz europeo de bailes cubanos que uno de origen latino.
A todos se les ofrece primero una clase de ritmo y melodía; después viene el trabajo de estilo, la labor en grupos para el aprendizaje de las distintas figuras, la rueda de casino y, desde luego, el trabajo individual con la pareja, explica la profesora Saray.
“Les enseñamos salsa, pero también los ritmos cubanos que dieron como resultado ese producto final”, agrega.
Para Europa hay todo un programa de enseñanza en el que han contado con la colaboración de una profesora alemana que es parte del proyecto, abierto también allá. Pero se adopta otro en el caso de que los aprendices sean latinoamericanos, pues ellos conocen nuestros ritmos.
“Por ejemplo, el mambo y el chachachá son muy conocidos en México, así que, con quienes llegan desde ese país, trabajamos distinto”.
Muchos vienen y repiten, asegura, porque sienten que adquieren conocimientos y quedan marcados por nuestra metodología, que es muy propia y tiene un perfil internacionalmente creado.
Ya la rueda de casino está formada y me asombro cuando el líder canta el próximo giro: “Di que no”, y los ejecutores masculinos, entre los que también hay aventajados alumnos germanos, realizan el pasillo correspondiente.
La contagiosa música de los Van Van inunda la amplia terraza convertida en salón, en la antigua casona.
Andrés Trufín Abreu, fundador del grupo donde se mantiene como veterano instructor, afirma sentirse feliz. “Tengo la satisfacción de que con mi metodología, quienes vienen por primera vez bailan, y se marchan contentos”.
“¿Y cuál es su fórmula?”, le pregunto.
“Corregirles bien y ponerles mucha dedicación. Mi técnica es la paciencia”.

Por: Marina Menéndez
Fotos: Lisbet Goenaga
Especial para Por Esto!
Fecha: Domingo, 8 de octubre de 2017